Jesús como el nuevo templo en el Evangelio de Juan

Andreas J. Kostenberger, en su libro A Theology of John’s Gospel and Letters (páginas 422-435), presenta un argumento convincente acerca del contexto histórico detrás del Evangelio de Juan. Kostenberger dice que después de la destrucción del templo en Jerusalén en el año 70 d.c., Juan quiso mostrar al pueblo judío que ese hecho no significaba que Dios había abandonado a su pueblo. Al contrario: varios años antes, Dios ya había provisto a Jesús, un nuevo templo espiritual que reemplazó el templo en Jerusalén.

Kostenberger provee la siguiente evidencia para sus conclusiones:

  1. En Juan 1.14, la palabra para “habitó” literalmente significa “tabernaculó” o “moró en tabernáculo.” El tabernáculo fue el precursor del templo.
  2. El prólogo de Juan 1.1-18 también menciona la gloria de Jesús, y que vemos a Dios por medio de Jesús. Antes de Jesús el templo era el lugar donde los Israelitas encontraban la concentración de la presencia de Dios y veían su gloria.
  3. Juan 1.51 alude a la visión de Jacób acerca de la escalera. Jacob vio esa visión en Betel, que significa “la casa de Dios.” El templo también se llamaba la casa de Dios.
  4. En Juan 2.14-22 Jesús echa los comerciantes del templo de Jerusalén. Aunque la interpretación tradicional es que Jesús estaba purificando o reformando al templo, los comentaristas actuales entienden su acción como una acción simbólica, profetizando que pronto el templo y sus actividades dejarían de existir. Todos los demás Evangelios colocan este suceso durante la última semana de la vida terrenal de Jesús. Pero Juan lo relata en su segundo capítulo, como al inicio del ministerio de Jesús. Juan mueve este relato al inicio de su Evangelio para llamar nuestra atención al tema del templo. Además, en 2.19 vemos que Jesús se consideraba a si mismo como un nuevo templo. Jesús dice “Destruid este templo y en tres días lo levantaré. En v. 21 Juan aclara que Jesús se refería a su cuerpo. El punto de este relato es que Jesús profetizó la destrucción del templo de Jerusalén, y anunció que él era el nuevo templo, el nuevo lugar de encuentro entre Dios y la humanidad.
  5. En Juan 4.19-24 Jesús le dice a la mujer samaritana que pronto se adoraría ni en aquel monte de Samaria ni tampoco en Jerusalén, sino en espíritu y en verdad. Es decir, tal como el templo samaritano había sido destruido 150 años antes, el templo en Jerusalén también sería destruido próximamente. Los dos lugares quedarían desiertos, y los que quieren adorar tendrán que adorarlo por medio del Espíritu, los ríos de agua viva que Jesús estaba por impartir.
  6. En Juan 7-8 y Juan 10.22-29, Jesús es presentado por Juan como el cumplimiento de los festivales judíos que se realizaban en el templo. Los festivales enfatizaban temas de luz y agua. Y en estas secciones Jesús es presentado como la fuente de agua viva, y como la luz del mundo.
  7. Hay una ironía en Juan 11.48-52. El Concilio quiere asesinar a Jesús para evitar que los Romanos destruyan “nuestro lugar santo y nuestra nación.” Pero es precisamente por el rechazo de Jesús de parte de estos líderes religiososo que Dios permitió que los Romanos destruyeran el templo y la nación.

Es notable que todos los versículos citados arriba vienen de capítulos 1 al 11. Después de capítulo 11 hay un silencio acerca del templo en Jerusalén. Kostenberger dice que esto implica que Jesús es el nuevo templo. Se deja atrás el templo viejo para ya no volver a mencionarlo. Y Jesús es el enfoque de capítulos 13 al 21 – Jesús revelándose a sus discípulos en capítulos 13 al 17, y la exaltación de Jesús por su muerte y resurrección en capítulos 18 al 21.

  • Vemos que en Juan 14.6-11 y 16.26-27 Jesús, no el templo, es nuestra ruta de acceso al Padre.
  • Y en Juan 9.38 y Juan 20.28 vemos a personas adorando a Jesús directamente. Jesús, no el templo, es el enfoque de la adoración de las personas.